Hora de progreso

Comentarios políticos, por Juan Luis Calbarro

Declaración de UPyD a favor de la libertad lingüística en Baleares

jlcalbarro | 02 Mayo, 2008 02:55

Transcribo a continuación el documento publicado hoy por Unión, Progreso y Democracia en Baleares, para someterlo a debate público:

Desde su fundación, Unión, Progreso y Democracia ha puesto especial interés en denunciar los perjuicios que el nacionalismo ha ocasionado a la libertad y a la igualdad de los ciudadanos españoles. Observamos con preocupación que la ideología nacionalista ha conseguido infiltrarse en las políticas de los partidos supuestamente no nacionalistas. Se deba a la ignorancia de planteamientos alternativos a tales convenciones o a la necesidad de pactos con fuerzas radicales y minoritarias con tal de asegurarse el poder, UPyD se perfila como única fuerza libre de tales prejuicios y señala la urgencia de corregir sus nocivas consecuencias.

Las Islas Baleares son un ejemplo de cómo doctrinas incompatibles con las sociedades modernas, por mucho que se nos presentan falsamente como conquistas de la modernidad, repercuten en campos sensibles de la sociedad. La radicalización del Govern Balear al pretender erradicar de la vida pública el castellano es un paso más en la pendiente que conduce a primar los rasgos compartidos por un colectivo (la raza, la religión, lengua, sexo, clase social…) como característica capital para definir a quienes puedan disfrutar legítimamente de ciertos derechos y oportunidades. En definitiva, una resolución excluyente, que nos retrotrae a épocas históricas teóricamente superadas.

Al amparo de gobiernos autonómicos del PP y PSOE, el Decreto de Mínimos y la Ley de Normalización Lingüística son ejemplos de cómo la obsesión identitaria ha distorsionado dichos campos. El resultado ha sido la práctica expulsión de las aulas de una lengua oficial y el uso discriminatorio de la lengua en un número creciente de ámbitos, como el acceso a la docencia, a la administración de la Sanidad o en general al funcionariado, del que quedan excluidos los españoles que no tengan titulación previa de catalán. La consecuencia directa de anteponer el dominio de una lengua a la formación profesional es una calidad inferior de los servicios prestados a la ciudadanía.

A pesar de ello, la realidad de Baleares es la de una sociedad bilingüe y permeable en la que sólo desde la asunción de posturas imbuidas de ideología nacionalista se afirma que exista un problema real. Por eso lamentamos las imposiciones de quienes no aceptan dicha realidad como un hecho enriquecedor. Además, echamos en falta una verdadera cultura de las libertades que permita comprender, a quienes supuestamente nos representan, que las políticas intervencionistas fracasan o producen efectos perversos mucho peores que la realidad que intentan transformar.

Creemos, por tanto, que el marco legal debe alinearse con dicho bilingüismo real en lugar de negarlo. No aceptamos el concepto de lengua propia recogido en el Estatuto, por ser el buque insignia de los planteamientos identitarios que denunciamos y que sirve de fundamento a la discriminación. Sólo las personas tienen lenguas propias, en ningún caso los territorios; por ello consideramos adecuado el concepto de lengua oficial y entendemos que las dos más implantadas deben serlo en igualdad de condiciones.

El debate mallorquín/catalán es una cuestión filológica que deben resolver los especialistas y en la que no deben inmiscuirse los políticos. Nuestros planteamientos en defensa de las libertades individuales nos impiden sustituir el catalanismo imperante por un balearismo. Y aunque entendemos que el segundo es una reacción ante el proyecto político que subyace al primero (la creación vía lingüística de los Països Catalans), la función de las autoridades no debe ser la de un planificador lingüístico que se atribuye la potestad de preservar ni modificar esencias históricas heredadas del pasado, sino propiciar un marco legal que asegure la igualdad de derechos para todos.

Muchos de estos asuntos cristalizan en el mundo educativo. Bastaría aceptar un bilingüismo real y efectivo para empezar a racionalizarlo. Eso permitiría invertir energías y medios en elevar el nivel de nuestros alumnos en lugar de convertirlo en una herramienta de control lingüístico e ideológico, una cuestión bastante más acuciante que la redacción de textos en mallorquín, menorquín, ibicenco y formenterense. La desaparición de la política de inmersión lingüística acercaría las aulas a la realidad plural de la calle, en lugar de convertir los centros en laboratorios de sociolingüística, en guetos, por lo demás, artificiales. UPyD actuará, desde el momento en que llegue a las instituciones, para promover la modificación del artículo 4 del Estatuto de Autonomía con el fin de eliminar el concepto de lengua propia y así restaurar la equiparación de las dos lenguas oficiales, así como para derogar la Ley de Normalización Lingüística y el Decreto de Mínimos y garantizar la elección de lengua vehicular por parte de los padres.

Si este asunto se tratara desde una perspectiva no visceral, se aceptaría sin acritud lo evidente: no sólo hubo un tiempo en que no existía ninguna de las lenguas que hoy en día usamos, sino que habrá un tiempo en que no existirán. No por ello la creatividad del ser humano ha dejado ni dejará jamás de originar nuevas formas de comunicación, para la que las lenguas no son más que un medio.

Palma de Mallorca, 1 de mayo de 2008
[Disponible en la web de UPyD en Baleares]

Rosa Díez explica la constitución de la mesa del Congreso

jlcalbarro | 04 Abril, 2008 09:54

Creo que no hacen falta más comentarios:

La reforma de la ley electoral, urgente

jlcalbarro | 11 Marzo, 2008 15:41

Se han escrito ya muchos comentarios sobre la injusticia manifiesta en que incurre la normativa electoral a la hora de la asignación de los escaños del Congreso. Que UPyD tenga un escaño y el PNV seis, teniendo más votos la primera formación, o que Izquierda Unida alcance el mismo número de escaños que Coalición Canaria, disponiendo de seis veces más sufragios, son dos ejemplos bastante hirientes, pero no únicos. El reparto provisional tras el escrutinio de la noche del pasado domingo es el siguiente:

PSOE: 169
PP: 153
CiU: 11
PNV: 6
ERC: 3
IU: 2
BNG: 2
CC: 2
UPyD: 1
Na-Bai: 1

Sin ánimo de hacer un planteamiento riguroso y prescindiendo de sutilezas técnicas, se me ocurre el siguiente cálculo: sumar todos los votos como si la circunscripción fuera única, es decir, nacional y no provincial (lo cual parece bastante justo si consideramos que el Congreso es la cámara de representación de la soberanía nacional), y asignar los escaños de manera estrictamente proporcional, requiriendo un apoyo electoral mínimo del 1% para excluir las opciones muy minoritarias que no alcanzarían siquiera un escaño y, sin embargo, dar entrada a aquellas minorías que sí gozan de un apoyo significativo. El resultado es el siguiente:

PSOE: 162
PP: 149
IU: 14
CiU: 12
UPyD: 5
PNV: 4
ERC: 4

El asunto no requiere mayor interpretación.

UPyD y la libertad del Sáhara

jlcalbarro | 29 Febrero, 2008 23:27

Algunos nos recriminan que seamos un partido de idealistas, así que no podíamos dejar de reivindicar la causa del Sáhara Occidental, cuya tenue llama ha resistido varias décadas de mercadeo, concesiones, tibieza o franca connivencia con las tesis marroquíes, y alumbra aún en el corazón de los españoles. En el capítulo de política exterior del programa de Unión, Progreso y Democracia, el apoyo a la libertad del Sáhara ocupa un lugar destacado y muy querido.

No hace falta recordarlo: 1975, un dictador en el lecho de muerte y un déspota sin escrúpulos en el trono de Marruecos. La Marcha Verde, los Acuerdos de Madrid, el genocidio: miles de saharauis perseguidos por el ejército de Hassan II, arrojados desde helicópteros, enterrados vivos, torturados, desaparecidos… La aviación marroquí se empleó a fondo en los primeros meses de 1976 contra las columnas de civiles que escapaban de la feroz represión: en Tifariti, en Um Dreiga y otros lugares camino del desierto argelino, miles de saharauis murieron abrasados por el napalm y el fósforo blanco o despedazados por las bombas de fragmentación.

Aquella indigna dejación del gobierno español no impide que todo un pueblo, más de treinta años de exilio en el desierto después, siga atesorando con orgullo la lengua y los viejos carnés de identidad de España. UPyD quiere restaurar la legalidad internacional y, si gobierna, denunciará los Acuerdos de Madrid, impulsará el referéndum de independencia del Sahara Occidental previsto por la ONU y, si el bloqueo de Rabat persiste, promoverá abiertamente el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática por parte de España y de la Unión Europea. Es de justicia y es una promesa.

UPyD, la prensa y la realidad

jlcalbarro | 25 Febrero, 2008 23:09

¿Se imaginan a una persona acusada de violación defenderse con la siguiente frase: “No me voy a disculpar por amar a esa mujer”? Nadie en su sano juicio valoraría ese argumento como atenuante de la culpa, sino más bien como muestra palmaria de cinismo. Pero en política estas cosas funcionan.

Me mueve a teclear estas líneas la indignación. El diario de más tirada en Baleares tiene una de esas secciones ligeras que pueblan las primeras páginas de todos los periódicos, un “Diario de citas” en el que, como su nombre indica, algún redactor escoge frases proferidas por diversos personajes de la actualidad, en la mayor parte de los casos de la actualidad política, por ser –quiero suponer– las más significativas o interesantes de la jornada. La sección colma hoy la medida de mi tolerancia: ¿cómo se puede escoger siete citas de las cuales absolutamente ninguna tiene sustancia digna de provecho? La primera es del presidente Zapatero: “No me voy a disculpar por haber intentado la paz”. Claro: “intentar la paz” es un fin loable. Como amar a una mujer. Que se lo pregunten al violador del primer párrafo. O no, mejor que se lo pregunten a la mujer violada o, en el caso de Zapatero, a las víctimas del terrorismo y a los miles de personas que en el País Vasco no son libres.

Lo terrible es que no es un fallo del redactor. Es que una buena parte del periodismo actual, en comprobada complicidad con la partitocracia reinante, consiste en mantener un perfil de contenidos hueros, acríticos y sin trascendencia, seguramente a fin de mantener al espectador o lector en la inopia por los siglos de los siglos. Así, el mencionado “Diario de citas” continúa con una frase de Rajoy: “Tengo la impresión de que vamos a ganar, pero si se pierde, salvo catástrofe, que no será el caso, no pienso dimitir”. ¿Es noticia destacable esta combinación de afirmaciones intrascendentes y compromisos incuantificables? Sigue el diario con Gaspar Llamazares: “Navarra ha pagado el giro al centro-derecha del PSOE”. ¿Que Llamazares siga prendido en el esquema derechas-izquierdas y opine contra toda evidencia (porque Navarra tiene otros) que el problema de Navarra es que el PSOE haya renunciado a las esencias de la lucha de clases es tan relevante como para que el redactor seleccione esta dudosa aseveración? Manuel Pizarro contribuye a dar contenidos a la campaña diciendo: “Me siento ganador del debate con Solbes”. ¿Y qué? ¿Alguien esperaba que dijera otra cosa? José María Maravall, del PSOE, tercia en el diario: “El PP crispa para que voten los centristas”. Nihil novum sub sole después de cuatro años así (aparte que no se entiende). Celia Villalobos, a su vez, opina que “Pedro Solbes aburre a las ovejas”. ¿Tiene esto algo que ver con la bondad o solvencia de su gestión?, y, por tanto, ¿nos ha de interesar la opinión de esta buena señora? Un Lluís Aragonès mucho más folclórico, como toca a un candidato de ERC, dice a su turno que “Catalunya tiene todas las condiciones para ser un país de primera, pero falla porque España nos está robando, es uno de los genocidios más grandes”. ¿Robo? ¿Genocidio? Pero ¿este cantamañanas sabe lo que es un genocidio? Que insulte la inteligencia de todos, y en particular la sensibilidad de las personas que efectivamente han sufrido o conocido un genocidio real (es decir: la destrucción masiva de un grupo de población por motivos étnicos, culturales o religiosos), no es óbice para que irresponsables e inmorales de esta calaña campen por sus respetos y reciban concejalías y direcciones generales.

Pero, como vemos, el discurso político no tiene por qué casar con la realidad: ¿a quién le importa la realidad? A nuestros políticos no se les exige lo que sí exigimos a cualquier otra persona con la que nos relacionamos en la vida: respeto, veracidad, competencia. ¿Confiaría el lector en un vendedor de automóviles que maquillase el quilometraje o las cifras de la potencia del vehículo en venta, que mintiese sobre el color que tendrá a la entrega, que no centrase su argumento en la calidad de los coches de su marca, sino en lo malísimos que son los coches que vende el concesionario de al lado? Y si confiara, si comprara el coche y éste resultara averiado y, por tanto, presentase una reclamación, ¿el comprador entendería que el vendedor alegase que no piensa disculparse por haber intentado hacer la felicidad de un conductor?

Entiendo que la prensa tiene una responsabilidad muy grave en las deficiencias del régimen político español. Así lo entiendo, por ejemplo, cuando un redactor acepta el juego de los políticos y selecciona una sarta de frases vacías, cuando no mendaces, que en ningún caso interesan ya a nadie, para perpetuar el debate sobre la nada. Y así lo entiendo cuando los responsables de todas las televisiones nacionales, sean de titularidad pública o pertenecientes a grupos empresariales ligados de manera constatable a los dos partidos dominantes del panorama político español, se niegan a dar cancha a la líder de Unión, Progreso y Democracia. Su negativa los desacredita como profesionales, porque no sólo sabemos (y saben) positivamente que sendos debates en directo de Rosa Díez con Rajoy y Zapatero provocarían un notable vuelco electoral, sino que además constituirían en sí un espectáculo televisivo como posiblemente no ha habido ninguno durante estos treinta años de democracia. Por sus propuestas novedosas, por su potentísima oratoria y por su apego a la realidad y al sentido común, que se percibe nítidamente en cada párrafo de sus discursos, Díez arrollaría sin despeinarse tanto al candidato del PP como al del PSOE. En vez de hacer su trabajo con brillantez, las televisiones han decidido no molestar a los que pagan la publicidad institucional, cuando no a los que cubren los cargos a dedo. Podrían haber optado por restaurar la conexión entre política y realidad, y habrían sido valientes, revolucionarios, profesionales. Han optado por lamer la mano del que los somete: son otra cosa.

Encuestas con talante

jlcalbarro | 16 Febrero, 2008 17:06

Me pregunta un compañero qué crédito concedo a la última encuesta del CIS, que, aparte pronosticar la victoria del PSOE, otorga a Unión, Progreso y Democracia (UPyD) un máximo de un escaño en el Congreso. Como me preguntan, me paro unos minutos a considerar algo que en otras circunstancias no perdería ni medio en analizar. Porque, sufrido lector, ¿conoce usted a alguien que se tome en serio las encuestas del CIS en materia de elecciones? El CIS predijo en junio de 2004 que 76 de cada 100 españoles votarían en las elecciones europeas. Diez días después, sólo votaron 46 de cada 100. Un error insignificante: 30 puntos porcentuales, una tontada. Debe ser casual que la predicción respondiese mejor que el resultado final a los intereses electorales del PSOE en el Gobierno.

Para mi fugaz análisis, debo recordar aquí que el Centro de Investigaciones Sociológicas es un organismo dependiente directamente del Ministerio de la Presidencia. Su presidente, en la actualidad Fernando Vallespín, fue por tanto nombrado a dedo por el tándem Fernández de la Vega-Rodríguez Zapatero tras ganar éstos las generales de marzo de 2004. Vallespín, catedrático de Ciencia Política de la UAM, había sido un público defensor de las políticas socialistas. ¿Y por qué un politólogo de izquierdas para dirigir el CIS, y no un sociólogo? Cuánta casualidad. Así pues, por lo que a mí concierne, el crédito que pueda otorgar en estos momentos al CIS depende de la credibilidad que me merezcan las protestas de no injerencia del presidente del Gobierno.

O sea: ninguna.

El presidente, para empezar, se comprometió en 2004 (después de ya nombrado Vallespín, claro está) a que el presidente del CIS fuera elegido por consenso en las Cortes. Han pasado cuatro años y seguimos sin asistir a tal fiesta parlamentaria, pero no dudo que el presidente haya estado ocupado en cuestiones más importantes.

No hay que hacer mucha memoria para encontrar más ejemplos del respeto del presidente Zapatero hacia la independencia de los organismos del Estado, esos que, entre otras cosas porque los pagamos de nuestros impuestos, deberían estar al servicio de la ciudadanía y no del partido en el poder, aunque a veces consigan que se nos olvide. Los fiscales y algunos jueces actúan –también casualmente, por supuesto– en coincidencia con los plazos que marcan el interés electoral del partido en el Gobierno. Durante la precampaña y la campaña asistimos a golpes notables contra los pistoleros de ETA, y nuestra sospecha de que se pudieron dar antes y no se dieron por cálculo electoral no puede empañar nuestra alegría por esas detenciones. Se ilegaliza a ANV y al PCTV pocas semanas antes de la cita electoral (loado sea el Señor), y nuestra convicción de que había pruebas para haber actuado antes y no se hizo por cálculo electoral no anula nuestra satisfacción por que se haya impedido que los cómplices de los asesinos puedan ser elegidos representantes del pueblo que sufre sus dentelladas. Pero que en definitiva nos alegremos de estas actuaciones no conlleva precisamente un aumento de nuestra confianza en el Gobierno, sino que comporta un elemento de indignación que impide que nuestra alegría sea completa y sana. La única conclusión que me cabe, y la única que sospecho le cabe a la mayor parte de los resignados españoles, es que Rodríguez Zapatero no da un solo paso que no esté determinado por el cálculo electoral.

Si me piden confianza hacia el presidente y hacia las instituciones del Estado que están bajo su férula, lo siento: confesó hace unas semanas que nos había engañado en el vil asunto de la negociación con ETA. Negoció, hubo materia política en su negociación y lo negó durante años contra toda evidencia. Lo hizo porque él sabe lo que nos conviene, nos vino a decir. Y España no se echó a la calle a pedir –pacífica pero firmemente– su dimisión. Triste, incívica España.

Finalmente, el cínico que todos sospechábamos que era Rodríguez Zapatero se destapa en un descuido revelador: con el micrófono abierto (jamás hubiera temido semejante tropezón, jugando en casa) nos desvela su estrategia para estas elecciones: “nos conviene que haya tensión”, dice. “Esta semana voy a empezar a dramatizar”. Para Iñaki Gabilondo, qué bajo hemos caído, esto son “pequeñas tácticas electorales”. Para mí es cinismo, máxime en un líder que desde cientos de miles de cartelones plantados por toda la geografía española apela a la fe como único argumento a su favor: “Motivos para creer”, dice. Ja.

Este es el personaje que maneja los hilos de las encuestas del CIS por medio de su empleado Vallespín. Uno, que no pretende dudar de la profesionalidad de los técnicos del CIS, sí duda, y mucho, y justificadamente, de la imparcialidad de quien gobierna esa institución. Así pues, que UPyD aparezca en su encuesta por primera vez en todo este tiempo, aunque sea con un solo escaño (constándonos como nos consta que el PSOE maneja encuestas en las que pierde varios a manos del partido de Rosa Díez), sólo parece indicar una cosa: que la marea magenta es ya imparable; que los resultados reales serán tan favorables a UPyD que dejar a este partido fuera del pronóstico sería impropio incluso de una institución dirigida por alguien que en su primer estudio importante alcanzó el récord histórico y comentadísimo de un error del 30%. Si al 0,4% de los votos que el CIS le atribuye a UPyD le sumamos ese 30%, puede que superemos el centenar de diputados… Porque, miren ustedes, para finalmente decir lo que me salga de las narices, o lo que le apetezca a mi jefe, francamente, no me hace falta gastarme un pastón en encuestas.

Muertos de miedo

jlcalbarro | 26 Enero, 2008 21:59

Se han ido publicando varias encuestas que dan a Unión, Progreso y Democracia uno o dos escaños en las generales. Sorprendentemente, la opción electoral más novedosa de los últimos veintidós años, desde la llamada Operación Roca de 1986, y desde luego la única que podemos llamar progresista en estos tiempos sectarios, apenas recibe atención en la gran prensa, la más claramente asociada al poder. Ya me imagino la noche electoral: en la sede de UPyD, Rosa Díez, Carlos Martínez Gorriarán, Mikel Buesa, Álvaro Pombo, Fernando Savater y demás dirigentes y amigos del partido celebrarán el éxito mientras las televisiones entrevistarán sin cesar a dirigentes del PSOE y del PP e ignorarán la alegría desbordante de los militantes de UPyD en la calle Orense.

No es para menos. Se acaba de conocer que una encuesta que maneja Ferraz ya atribuye a UPyD tres escaños que saldrían directamente de exvotantes socialistas: Madrid, Sevilla y Valencia. Teniendo en cuenta que los bancos nos han negado los créditos, que no salimos apenas en diarios o televisiones nacionales y que somos un partido fundado sólo el pasado 29 de septiembre, cabe extraer varias conclusiones. Apuntaré tres.

Primero, parece evidente que, si sin apenas haberse dado a conocer UPyD ya cuenta tres diputados (que sin duda serán más, dado que la encuesta la encargó el PSOE), ¿cuántos escaños contará la noche electoral, después de quince días de intensa campaña y la correspondiente publicidad? Muy bien lo tendrían que hacer los ciberesbirros de Pepe Blanco para anular nuestra capacidad de difusión de noticias y opinión a través de Internet, por ejemplo. Esperen ustedes sorpresas.

La segunda consecuencia que sacamos es que existía una demanda casi clamorosa de un partido como UPyD, que propone reformas sustanciales y no sólo palabras, que repudia la negociación con ETA y los pactos con los nacionalistas, que desea reformar la ley electoral que da sobrerrepresentación a éstos y relativiza el sufragio dependiendo de donde uno viva, que quiere un Senado que represente auténticamente a las comunidades autónomas, que promete una educación de calidad y para ello rescatará para el estado las competencias correspondientes, que -frente a normalizaciones e inmersiones- garantiza el bilingüismo en las regiones donde éste existe, que exigirá que jueces y fiscales se independicen de la tutela del gobierno y, por tanto, promoverá una auténtica separación de poderes. Todavía no he oído que a nadie disgusten nuestras propuestas, salvo a los tradicionales enemigos de la democracia española.

Por último, cabe concluir una tercera afirmación: en Ferraz y en Génova están muertos de miedo. Sólo eso explica, aunque no justifique, la mezquindad de su comportamiento –y del de sus amigos en la banca y en la prensa– con la nueva formación. Pero ningunear no equivale a suprimir. Aquí estamos, y aquí seguiremos el diez de marzo.

Profesionales de lo suyo

jlcalbarro | 26 Enero, 2008 00:48

Durante la transición entró en política lo mejor de cada profesión. No hace falta recordar los nombres de las personas que, desde opciones muy diversas, participaron en aquel período constituyente, todas ellas con una trayectoria sólida y prestigiosa que pusieron al servicio del interés general. Todos podían dejar la política activa y la mayor parte lo hicieron, porque no necesitaban servirse de ella.

Hoy tenemos profesionales de la política. Padecemos una casta de políticos que jamás aportaron a la sociedad nada fuera de la política. Esto sería aceptable si los políticos españoles, como los franceses, pasasen por una prestigiosa escuela de administración del Estado: serían profesionales en el buen sentido. Pero no; el cursus honorum en España se reduce a satisfacer los deseos del líder que señala con dedo omnipotente quién será y quién no será candidato. Alberto Ruiz-Gallardón lo sabe bien. En estas circunstancias, es difícil destetar a los políticos. Sus promesas caducan el día después de las elecciones; nadie que yo conozca tiene fe en ellas. No podemos esperar que nos solucionen nada que previamente no los solucione a ellos: después de veinte años no pueden retomar una carrera profesional que simplemente no tienen, así que harán lo que sea por perpetuarse.

Asistimos, así, al bochornoso espectáculo de un gobierno que planea ilegalizar ANV y el PCTV justo antes de las elecciones, y nadie en España duda que el motivo es el interés de ese gobierno por hacernos olvidar su incalificable desempeño en materia antiterrorista. Especular con este asunto es perverso, y que fiscales y jueces ejecuten los designios del ejecutivo es indecente; pero ahí siguen, y seguirán mientras se lo permitamos. La regeneración democrática que algunos proponemos es más necesaria que nunca.

Con el Foro Civis se amplía el actual movimiento cívico para la regeneración democrática en España

jlcalbarro | 22 Enero, 2008 00:45

Un grupo de activistas del pensamiento transversal y progresista han fundado el Foro Civis, una asociación que desde la sociedad civil promoverá la renovación democrática de España. Su objetivo declarado es “devolver a la política su función política, es decir, que vuelva a ser elemento de cohesión y progreso a través del uso responsable que los ciudadanos libres hacemos de ella”. Foro Civis deplora en su presentación la “fragilidad democrática de nuestro país, la preocupante quiebra de nuestra convivencia y una más que evidente pérdida de valores que tiene como consecuencia la ausencia de una sociedad libre conformada por verdaderos ciudadanos” y, entre otras cosas, propone poner fin al sectarismo, al “lamentable estado de nuestra educación”, al sometimiento de nuestra justicia con respecto al poder político, al “gremialismo cultural” y a la falta de pluralidad en los medios de comunicación. El nuevo grupo cívico postula la construcción europea y los valores democráticos como cimientos básicos de nuestra civilización, y su objetivo último es la profundización en una democracia real y más justa.

Foro Civis es una asociación de ámbito nacional, tiene su sede en Madrid y está presidido por el periodista César Rodríguez. La organización, que pronto será presentada públicamente, defiende la necesidad de que las ideas antedichas tengan un espacio propio en la sociedad civil, “independientemente de los avatares puntuales de la política partidista”. Sus propuestas están en la línea del movimiento cívico que desde hace un par de años han venido defendiendo diversas asociaciones, entre las que han destacado Ciutadans de Catalunya o Basta Ya, y partidos como Ciudadanos o Unión, Progreso y Democracia, así como un importante grupo de intelectuales y, recientemente, la plataforma de asociaciones cívicas “Por la concordia nacional y la reforma constitucional”, liderada por el eurodiputado del Partido Popular Alejo Vidal-Quadras y constituida a fin de promover públicamente un riguroso proyecto de reforma del régimen.

La nueva entidad surge de Civis, una corriente interna de Ciudadanos nunca reconocida por el partido de Albert Rivera pero activa desde noviembre de 2006 hasta que hace unos días, el 15 de enero, emitiera su último manifiesto para disolverse como tal y constituirse al margen de aquel partido. Civis había defendido la fusión de Ciudadanos y UPyD, manifestándose siempre en contra de la uniformidad y de los personalismos, y últimamente había propuesto que Ciudadanos no se presentase a las elecciones a fin de no perjudicar su proyecto central: la recuperación de la democracia en nuestro país, independientemente de siglas y banderías.

En su página web, la asociación presenta los contenidos del primer número de su boletín electrónico quincenal. Con esta iniciativa pretende difundir los postulados de Foro Civis entre el mayor número posible de ciudadanos. Abre su andadura con una interesante entrevista a Albert Boadella, que ha tenido un gran eco en los medios digitales, y diversos artículos de opinión.

El Príncipe de la Paz

jlcalbarro | 19 Enero, 2008 22:06

Salvo en círculos afines al PSOE y consideraciones ideológicas aparte, parece haber en España un acuerdo general en clasificar a José Luis Rodríguez Zapatero como el peor presidente de la democracia. Si bien algunos se remontan a Carlos Arias Navarro para encontrar un perfil inferior, he llegado a escuchar aquello de “el peor presidente del gobierno desde Godoy”. No conviene exagerar en esta materia, como en ninguna, pero esta última comparación me hizo reflexionar sobre algunas coincidencias.

En efecto, Manuel Godoy Álvarez de Faria no llegó a secretario del Despacho de Carlos IV por sus condiciones de estadista. El guapo extremeño, según las malas lenguas, aprovechó su intimidad con la reina María Luisa para ascender en cuatro años del rango de guardia de corps al de primer ministro de una de las tres grandes potencias de la época; en cualquier caso, méritos ajenos al buen gobierno y la ausencia de mejores alternativas le supusieron el poder supremo e infinitos honores en un tiempo récord.

En una época crítica para España, Godoy demostró una gran ignorancia de los problemas del estado y un notable desprecio por los intereses de la ciudadanía, que lo llevaron primero a combatir el progreso revolucionario, luego a doblegarse ante Bonaparte y en todo momento a seguir los impulsos de la improvisación y el oportunismo, sin que parezca que la pérdida misma de España llegase a significar nada para él. Godoy, que también carecía de virtudes militares, se distinguió por una manifiesta incapacidad para entender la escena internacional y establecer una línea propia de actuación en ese ámbito. Lo cual no le impidió ornarse, tras el tratado de Basilea de 1794 y contra la evidencia de su fracaso, con el título de Príncipe de la Paz. Después de los acontecimientos de 1808 pasaría más de la mitad de su vida en el exilio, añorando los tiempos de su privanza. Murió olvidado.

Después de sus muchos errores, que tuvieron funestas consecuencias para España, surgió la luz de un movimiento de progreso materializado en la carta magna de 1812, que en Cádiz refundaba la nación española y la ponía a salvo de la disgregación y de la reacción. Hoy pocos nos acordamos de Godoy; doscientos años después, en cambio, todos celebramos la Pepa como el origen de nuestra legitimidad constitucional.

No sé si me explico.

Rosa Díez o un nuevo lenguaje político

jlcalbarro | 06 Enero, 2008 22:05

El barcelonés Eduardo Moga, uno de los poetas más importantes y posiblemente el crítico literario más importante de España en este momento, escribió en cierta ocasión un comentario sobre el famosísimo microcuento de Augusto Monterroso, “El dinosaurio”, aquel que dice: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Basándose en esas siete palabras, Moga publicó un ensayo de diez o doce folios de los que no sobraba ninguno.

Sin pretender estos extremos de prolijidad, pero sí de lucidez, a uno le gusta que el discurso de los políticos contenga algún grado de rigor y contenidos fieles a la realidad, y no sólo a sus propias tácticas. Que Zapatero tenga la desvergüenza de describir la nefasta legislatura que está a punto de cerrar como un éxito; que la consejera Galmés pretenda combatir el fracaso escolar y la violencia en las aulas con su chiste del “Institut per a la Convivència i l‘Éxit Escolar”; que la oposición del Partido Popular consista indefectiblemente en decir no donde el gobierno haya dicho sí; que llamemos “proceso de paz” a negociar con los terroristas y “normalización lingüística” a excluir una de las dos lenguas oficiales (y la materna de la mitad de los ciudadanos) de los ámbitos educativo y administrativo, y hasta del privado: todo indica que los políticos tradicionales no están interesados en atacar la realidad, sino sólo en persuadir a una ciudadanía a la que parecen respetar muy poco de que detrás de sus acciones y de sus omisiones hay razones que las justifican. Pero ensartar palabras que sorteen las necesidades reales del ciudadano en vez de asegurarse de que respondan a ellas no es justificar: es buscar pretextos, engañar, lanzar cortinas de humo, torear... En cualquier caso, no es hacer política en el sentido noble de esta palabra.

Por eso la ciudadanía acaba de premiar a Rosa Díez con un tercer puesto en la valoración de los líderes políticos nacionales, pese a que su partido (Unión, Progreso y Democracia) sea un recién llegado, un perfecto outsider si consideramos la atención que le dispensan los medios: porque sus diagnósticos no eluden la fealdad de los hechos, porque formula sus propuestas sin aspirar a la corrección política. Porque da donde duele y receta sin complejos. En marzo, ya lo verán, nos espera una sorpresa.

De la incompetencia en los despachos al fracaso en las aulas

jlcalbarro | 02 Enero, 2008 02:26

Y yo que estaba preocupado por el asunto de la educación, que me tenía sin vivir… Pero la consejera de Educación del Govern acaba de darme la tranquilidad que, como padre y como ciudadano, necesitaba yo más que el pan. Esta coalición de sabios que gobierna Baleares va a acabar con el fracaso escolar y con la violencia en las aulas de un plumazo.

Doña Bàrbara Galmés anunció hará medio mes, con la aprobación del Consejo Escolar de las islas, la inminente creación del Instituto para la Convivencia y el Éxito Escolar, un organismo dependiente de su consejería que combatirá la violencia y la indisciplina en las aulas. Es cierto que ya el gobierno del Partido Popular había atacado los males de nuestro sistema educativo por medio de un invento similar, el Observatorio para la Convivencia Escolar, y también lo es que este organismo había sido incapaz de poner en marcha con eficacia la red de comités que en los centros habían de ocuparse de esto de la convivencia, al parecer un asunto desligado de la educación en general y que, por tanto, requiere la creación de comités ad hoc; nada de dotar al profesorado de medios y autoridad suficientes, no: esto sería franquista como poco, y ni siquiera el PP iba a caer en eso. Mejor inventar comités y observatorios.

La consejera de Educación pretende que el Instituto que empezará a funcionar este enero “trabaje con planes de mejora del éxito escolar específicos para cada centro” (ahí es nada). Lejos de proponer –qué sé yo– una mejora general del currículo o el incremento de la formación y de la retribución de los docentes, el ICEE incentivará “que algunos colegios o institutos abran por las tardes para la realización de actividades lúdicas que ayuden a fomentar la socialización” (“programas de inserción socioeducativos” se llama esta tontuna). En la línea: donde esté lo lúdico que se quite el estudiar. Casi 30.000 euros va a dedicar el Govern a semejante memez. “La lucha contra el fracaso escolar la vinculamos a la convivencia escolar”, ha afirmado la señora Galmés en un momento de máxima lucidez. “Hemos de hacer algo por esos estudiantes que han perdido el tren y cuya forma de estar en el centro, durante el periodo de escolarización obligatoria, es ser antisistema”, afirma la consejera; y nada como un Instituto para la Convivencia y el Éxito Escolar para “coordinar todas las políticas en esta materia” y “articular medidas preventivas”. Llevo toda la vida escuchando discursos huecos por parte de demagogos profesionales; pero la señora Galmés es, en este sentido, una artista.

Doña Bàrbara sustituye, pues, un artefacto del gobierno Matas por otro de factura propia que dispondrá, según las noticias, de una “Unidad para la Convivencia” –en el Observatorio se llamaba “Comité de Expertos”– a la que colegios e institutos podrán acudir, y de “un equipo de intervención con técnicos y juristas que se desplazarán a los centros educativos que deban afrontar un momento puntual complicado de violencia o indisciplina”. Así pues, en el caso de que a ese repetidor cafre que todos hemos conocido se le ocurra medirle el recto al empollón de turno con un cartabón mellado, imagino que, tras la apertura del correspondiente expediente, la recepción de los oportunos informes y su valoración en debate plenario, después de oír a las partes implicadas y al director del centro y –en fin– en el breve plazo de tres meses, el ICEE enviará al lugar de los hechos a su flamante “equipo de intervención”, que suena como a unos hombres de Harrelson al pedagógico modo pero temo no pase de un par de “técnicos y juristas” novatos que, eso sí, le darán una aleccionadora charla al joven macarra (quien, si tienen suerte, no les sacudirá también a ellos con la colaboración de su padre) y un poco de técnico consuelo a la víctima, en el caso de que haya sobrevivido. Y a otra cosa. Nada de formar en valores, nada de mejorar los contenidos, nada de buscar con ahínco la excelencia del profesorado como hacen esos pedantes de los finlandeses, nada de legislar un régimen disciplinario como el que necesitan los centros, nada de insistir en el valor del esfuerzo, de la paciencia, del respeto… Pamplinas: aquí decretamos un par de institutos, les ponemos nombres positivos y modernos, convocamos una rueda de prensa, salimos por la tele un poco y se han acabado todos los problemas.

Se han acabado en la escuela y en casa: propongo que el Govern, para paliar la violencia doméstica, cree un Instituto para la Convivencia y el Éxito en el Hogar que, cuando algún marido enfurecido quiera imponerle un correctivo a su mujer valiéndose de la llave inglesa y se oigan los gritos por la ventana, reúna en pleno la Unidad para la Convivencia en el Hogar y lance el correspondiente equipo de intervención a proceder sin contemplaciones, amenazando al agresor con retirarle el acceso al bar durante tres días e implantando un programa de inserción con actividades lúdicas como, no sé, partidas de brisca en el salón de su casa para fomentar su socialización con su magullada señora. Y lo mismo con la Convivencia en los Campos de Fútbol, el Éxito en el Botellón Nocturno y un largo etcétera... Porque, en fin, no sé si ustedes se hacen cargo de cuántos menores de dieciséis años pueblan nuestras aulas: exactamente tantos como nuestros hogares y casi tantos como nuestros botellones. Ni siquiera una división acorazada de intervención poblada de psicólogos, pedagogos y juristas, incluso aunque se tratase de buenos profesionales y no de meros funcionarios descontentos de sus condiciones laborales, daría abasto, dada la magnitud del actual desastre educativo español y, particularmente, balear. No es catastrofismo: hay estudios serios y recientes que prueban que, en comparación con los países de su contexto, la enseñanza española forma titulados muy deficientes.

Dicen algunos malpensados que doña Bàrbara ha desmontado el Observatorio para la Convivencia, sin que éste hubiera tenido aún el recorrido suficiente para rendir sus por otra parte improbables frutos, por el mero hecho de que se trataba de una criatura del gobierno del PP. Otros, tan malpensados o más, se preguntan quién estará al frente del nuevo instituto (si un funcionario o un nuevo cargo de confianza), quién nombrará a sus miembros, qué dietas cobrarán los expertos que acudan a sus sesiones y de quiénes serán hijos los trabajadores contratados. Algunos papanatas, porque de todo ha de haber, se preguntan en qué consiste eso del éxito escolar, y si en lugar de jugar con las palabras y multiplicar los gastos en parches absurdos con cargo al contribuyente no merecería más la pena reformar a fondo las escuelas de magisterio y las facultades, formar a los licenciados que vayan a ser docentes como a verdaderos docentes (porque todo el mundo sabe que el CAP nunca fue una herramienta formativa eficaz, sino un trámite para cubrir el expediente), dotar a los centros con los recursos suficientes, implantar una disciplina más severa y olvidar de una vez por todas las perspectivas localistas, la batalla de las lenguas y las memeces identitarias; pero éstos, aparte papanatas, seguro que son unos fachas.

Unión, Progreso y Democracia propone una reforma en todos los niveles educativos con el fin de incrementar los conocimientos medios de los estudiantes españoles, presupuestando lo que sea necesario para mejorar los centros de enseñanza, favorecer la cualificación del profesorado y aumentar su retribución. El llamado partido de Rosa Díez desea una educación de calidad y laica, atenta al mérito y a los conocimientos de los alumnos con independencia de sus recursos económicos. Entre las formaciones que presentarán candidaturas en las próximas elecciones generales, UPYD es la única que considera necesario y promoverá, si está en posición de hacerlo, que el Estado vuelva a hacerse cargo de las competencias en materia de Educación y, desde luego, de las relacionadas con fijar unos contenidos curriculares troncales únicos en todo el territorio nacional, con la financiación que sea pertinente. Porque un elemento esencial no sólo para la formación de una ciudadanía crítica y responsable, sino también para la productividad, la competitividad y el desarrollo económico de una nación, junto con la tecnología y las infraestructuras, es una educación que en todos los niveles atienda al conocimiento y al esfuerzo. Así lo demuestra la experiencia internacional. El aterrador fracaso de la LOGSE no puede ser parcheado mediante la creación de comisiones, consejos e institutos que distraigan al ciudadano del verdadero problema, sino a través de una nueva concepción del sistema educativo que asuma sinceramente la importancia del esfuerzo (frente a la motivación) y de la excelencia (frente a la mediocridad) en todos los ámbitos e imponga el respeto a las normas como marco de convivencia.

En uno de sus artículos más recientes, Arturo Pérez-Reverte describía rotunda y certeramente la casta de demagogos que hoy señorean los despachos de la enseñanza en España y que tanto mal han hecho y seguirán haciendo a los españoles si en marzo no les ponemos coto. “Qué miedo me dais algunos, rediós”, escribía el creador de Alatriste. “En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado”. Amén. Pero incluso un problema tan grave tiene solución. Puede ser en marzo.

¿Pechos o valores democráticos?

jlcalbarro | 13 Diciembre, 2007 15:17

Leo en un periódico la habitual crónica de sociedad. Junto a la fotografía de una pareja –él de hechura recia y frente huidiza, ella un pastel de silicona– el pie de foto llama mi atención: “Si no lo sabían, se lo cuento. Fulanito y la showoman Menganita, sin duda el mejor descanso para un buen guerrero, son novios”. Como hago desde hace décadas en cualquier momento en que conecte el televisor o lea ciertas secciones de la prensa escrita, me pregunto primeramente por qué razón ha concluido el redactor que a mí o a nadie le pueda interesar el grado de proximidad que haya entre estos dos señores. Después reparo –deformación profesional– en el feo e innecesario anglicismo. Mal vamos. Pero, sobre todo, me indigna ese concepto de las relaciones de pareja en virtud del cual si una señora de buen ver es novia de un señor –de buen ver o no, que esto es lo de menos–, él es el único que debe aliviarse de sus tensiones, y ella, trofeo o recompensa del guerrero, la que debe proporcionar cumplido alivio. No hace falta ser una feminista con gafas de pasta y jersey de rayas para percibir una discriminación muy notable, que consiste en asumir naturalmente que la mujer que, como es el caso de la mayor parte de ellas pero de muy pocos hombres aún hoy en día, compagina el trabajo en casa con sus ocupaciones profesionales, puede aspirar en la sección de este gacetillero y en muchos ámbitos de la vida, si tiene suerte y está buena o es amiga del plumilla de turno, a ser admirada exclusivamente por su condición de dispensadora de recreo para el varón. El firmante podría haber escrito: “Menganita es la puta de Fulanito”, y no no nos habría dicho nada esencialmente diferente de lo que nos dice. Y, sin embargo, el diario en el que trabaja este señor se dice progresista.

A la mañana siguiente conecto la radio mientras conduzco. Escucho una tertulia que ha ganado adeptos en los últimos tiempos por haberse desmarcado del modelo tradicional de tertulia de actualidad política. Este programa, no cabe duda, es divertido, dinámico, ligero, juvenil. Que lo protagonicen cuarentones no encierra contradicción alguna: se trata precisamente de ejemplares de esa primera generación que desdeñó los valores éticos y de cohesión social, como el esfuerzo, el rigor y el servicio a los demás, para sustituirlos por un enorme conformismo de apariencia rebelde, por el rechazo a madurar, por las formas, por un hedonismo de cáscara progre y corazón tremendamente reaccionario e insolidario que casa poco con ciertas preocupaciones indignas de un ingenioso profesional… El caso es que llega el momento de presentar a una invitada que va a hablar sobre no sé qué tema más o menos serio o importante. Como el tono es informal –juvenil– hasta la caricatura, antes de iniciar su exposición, la invitada se cree en la obligación de justificar no recuerdo qué extremo de su vestimenta, seguramente en relación con el tema comentado inmediatamente antes. “No llevo puesto no sé qué cosa”, se disculpa. Y aquí viene el jocoso director del programa y le dice: “No te preocupes, tú tienes tus pechos”.

Tú tienes tus pechos. A las nueve y media de la mañana. La invitada suelta una risita y sigue a lo suyo como si nada. Uno, que no es feminista pero tiene madre, mujer e hija, y que encima tiene una nociva tendencia a hacerse preguntas, no puede evitar formularse las siguientes: ¿el locutor es un majadero? ¿Sus jefes le pagan por insultar a sus invitadas? ¿A la víctima no se le pasó por la cabeza levantarse, llamarlo imbécil y marcharse con las mismas; ya no oso decir cursar una reclamación ante sus superiores y elevar una denuncia ante el juez? Porque, vamos a ver, esta buena señora probablemente venía a hablar de un asunto que a ella le parece interesante y a la radio que la invita se supone que también se lo parece; pero toda su intervención se ve marcada de antemano por un estúpido comentario previo que hace pocos años nos hubiera avergonzado oír y que, a falta de contacto visual, convierte a la invitada básicamente en una mujer tetuda para miles de oyentes. Sí, iba a hablar de algo, pero en la imaginación de todos los que escuchan ya es y seguirá siendo no ya una mujer con tetas, sino unas tetas con mujer. Rubia o morena, alta o menuda, dotada del talento de un Einstein o tan desprovista de él como Pepiño Blanco, del Barça o del Madrid, buena o mala oradora, buena o mala profesional… Todo esto pasa a segundo plano: tiene unos buenos pechos, lo cual debe justificar su presencia en aquel estudio de radio a falta de una indumentaria adecuada… Y que conste que no es feminismo; si el locutor hubiera ponderado el volumen de las nalgas de un señor que viene a hablar de su último libro, o el del paquete de alguien que lo va a hacer sobre la hipertensión en los ancianos, me hubiera parecido exactamente lo mismo: un insulto y una ordinariez. Pero la cadena de radio que tolera semejante desmán también es, en la consideración general, de signo progresista.

Luego dicen algunos que no hace falta Educación para la Ciudadanía. Yo no sé qué asignatura nos hace falta en nuestros planes de estudios, aunque me creo que no es cuestión de asignaturas, sino de una reforma integral de la Educación que sirva para volver a formar ciudadanos críticos que consideren los valores democráticos en su auténtica dimensión, y no consumidores-votantes más atentos a lemas y consignas que a las implicaciones reales de lo que hay detrás de esos lemas y consignas en sus vidas en particular, es decir, al compromiso cotidiano con los propios principios, a la lealtad con el lenguaje; a no llamar progresista a lo que es reaccionario sin paliativos. Una reforma educativa complementada con una reivindicación muy seria del código deontológico de la profesión periodística y con la denuncia de sus prácticas menos rigurosas y de sus contenidos más banales y reaccionarios. En el fondo, no es tanto un asunto de Educación como de mera educación. En un país serio, la bromita de marras hubiera ocasionado una avalancha de llamadas telefónicas, la consiguiente petición de disculpas, posiblemente la sanción o el defenestramiento del lenguaraz... Alguien debería pararse a pensar un poco, coger de las solapas con suavidad al pseudoperiodista y preguntarle: pero, por muy moderno, desinhibido o provocador que usted se crea, ¿es que no tiene recurso más inteligente que aludir a los pechos de la mujer más cercana, so bobo? Porque, si es así, apártese usted, deje paso y permita que alguien que conozca el valor del trabajo ajeno y respete la dignidad personal, sea la de un hombre o la de una mujer, haga eso que es evidente que usted no sabe hacer. Vuelva a la escuela y hágase un curso de algo: ciudadanía, urbanidad, discreción, lo que le toque. O mejor un trasplante.

No obstante ser en gran medida educativo, el problema va más allá. Son generaciones enteras, sí, las que deberían pasar de nuevo por el instituto (después de erradicar la LOGSE, claro), pero nos hallamos ante manifestaciones anecdóticas de un mal social generalizado: el enorme prestigio de la banalidad, el individualismo y la irresponsabilidad en eso que antes llamábamos nuestra escala de valores y hoy sólo es un ranquin de posturas. No hay nada más reaccionario que esto. Así las cosas, no les extrañe que nos gobiernen quienes nos gobiernan; ni que los periodistas más arrojadamente progres releguen a las mujeres en los medios en que segregan sus pequeñeces a la condición de meros objetos sexuales.

Discutir sentados

jlcalbarro | 09 Diciembre, 2007 00:41

Entre los senufó de Costa de Marfil, la casa de juntas de la aldea tiene el techo extremadamente bajo. Obligados a discutir sentados, casi encorvados, los aldeanos no pueden encenderse con el calor del debate; porque ¿quién puede enfadarse y gritar sentado?

Ellos lo entendieron: lo importante es no pelearse. Durante unos años nuestros políticos nos sirvieron de modelo en esto y hablaban en el parlamento por turnos y con educación. Hoy organizan broncas en las Cortes, ante los medios, en la calle... Recuerdo a Leopoldo Calvo-Sotelo, a Miquel Roca, escucho a Eduardo Zaplana o a Pepe Blanco y lamento cuánto, cuantísimo hemos perdido.

Según mi experiencia en bitácoras políticas, muchos de los que acuden a escribir comentarios lo hacen de pie, o sea, gritando, con muchas mayúsculas, con insultos, para acusar al bloguero de vocero del PP o, por el contrario, para quejarse porque se mete con Ángel Acebes, demostrando así que cuando leen no procesan la información: sólo asisten a foros de este tipo para confirmar sus prejuicios y, si no, descartar lo leído. Sólo unos pocos contribuyen con ideas serenas. La pena es que hoy la política sólo se entienda como confrontación no meditada y, es más, como confrontación entre el PSOE y el PP, ignorando la enorme masa de votantes que, ninguneados una y otra vez por nuestros muy deficientes mecanismos electorales, o escogieron otras opciones o no votaron.

La mayor parte de nosotros actúa movido por consignas. Si para algo han de servir los blogs personales es para imponer cordura cuando el discurso público no la demuestra, y no para avivar el fuego de la reacción irracional. Uno, en la modesta medida de sus posibilidades, pretende desmanipular la información que otros manipulan y buscar algo de claridad entre la confusión que con tanta eficacia propagan en la actualidad nuestros demagogos profesionales. En ocasiones basta con dedicarle a un asunto un par de líneas más, con no conformarse ante un eslogan, ante un lugar común, ante una frase burdamente ingeniosa... En mi ánimo está no renunciar ni a decir lo que pienso ni a llevarme bien con la gente. Y casi siempre consigo ambas cosas.

Me escribe un amigo: “ya os veo vociferando cuando Zapatero permita que ANV vuelva a presentar listas”. Efectivamente, él y todos me verán protestar, porque no dudo que el presidente lo podría permitir. Me quejaré con toda la firmeza de que sea capaz; pero me quejaré sentado. Como los senufó, que nunca vociferan.

El voto útil

jlcalbarro | 05 Diciembre, 2007 15:08

Se van despejando las posibilidades ante la próxima campaña electoral, que básicamente se resumen en dos: o votar a los partidos instalados en el sistema, de los que no cabe esperar reforma alguna del mismo, o bien optar por la llamada tercera vía, la que en estos momentos representa Unión, Progreso y Democracia: UPyD, más conocido aún como el partido de Rosa Díez. La nueva formación cuenta con el liderazgo eficaz de la exsocialista vasca y con el aval de una nutrida cohorte de pensadores que, hartos del discurso político surreal del último decenio, han dado el paso de abanderar este movimiento cívico: Fernando Savater, Carlos Martínez Gorriarán, Mario Vargas Llosa, Albert Boadella, Arcadi Espada…

Estas personas y este nuevo colectivo liberal y progresista, en el que a día de hoy militan ya algunos miles de españoles, propugnan lo que muchos siempre hemos creído necesario pero el prejuicio políticamente correcto impedía poner por escrito: una profunda reforma constitucional que defina de una vez por todas el modelo territorial del estado en un sentido descentralizado pero igualitario –es decir: se acabó el centralismo, pero también las diferencias entre comunidades autónomas, incluidos los conciertos vasco y navarro– y con cierre de competencias –es decir: se acabó el trapicheo de competencias para lograr mayorías coyunturales–; la regeneración de la democracia a través de una reforma de la nefasta ley electoral que ponga en vigor el límite de los mandatos a dos legislaturas, las listas abiertas y un sistema equilibrado que impida que el voto concentrado de los nacionalistas (esto es, el 10%) se imponga legislatura tras legislatura sobre la voluntad de la inmensa mayoría tanto a escala autonómica como nacional, así como la posibilidad de que los electores controlen efectivamente la acción de sus representantes mediante algún mecanismo cuya falta permite hoy frivolizar las promesas electorales hasta extremos tan bochornosos como, por ejemplo, los alcanzados por el presidente Antich en relación con el emplazamiento del nuevo hospital palmesano de Son Espases; la recuperación de ciertas competencias por parte del estado, como todas las que garanticen la unidad fiscal del estado y la unidad del sistema educativo (la calidad de la educación es esencial en los planteamientos de UPyD, que pretende expulsar los mitos identitarios de la escuela y regresar a la valoración del aprendizaje de contenidos, el esfuerzo personal, la disciplina, el mérito y la excelencia); la implantación de un verdadero estado laico libre de ataduras con ideologías y estamentos de corte religioso o mítico (a saber, principalmente, el catolicismo, el islam y los nacionalismos); el combate firme y decidido contra el terrorismo y la corrupción, que jamás han de albergar más esperanza ni menos que la que les den los jueces; la consecución de una separación real de los poderes que haga genuinas la representatividad del Parlamento y la independencia del poder judicial y del Tribunal Constitucional, hoy más que nunca pasto de las hienas; y, en suma general, algo tan sencillo como la priorización y la protección indeclinable de los derechos y libertades del individuo. Y mientras todos sabemos que PP y PSOE venderán a CiU, PNV o ERC lo invendible con tal de tocar poder y con independencia de lo que hayan prometido hasta ese momento durante la campaña, porque así se lo permite el sistema y así lo han venido haciendo durante los últimos veinte años, UPyD ha prometido defender su programa sin casarse tras las elecciones ni con los nacionalistas ni con quienes pacten con ellos, aunque ello suponga renunciar al poder a corto plazo, sino sólo con quienes asuman sus propuestas programáticas o las admitan a debate formal en Cortes.

Así las cosas, me consta que algunos electores que comparten los planteamientos de UPyD tienen, no obstante, la intención de seguir votando al menos malo de los partidos que conocen: así se lo inspiran cierta comprensible inercia y el temor a que el voto a una formación pequeña pueda impulsar mayorías no deseadas. “Estoy de acuerdo en todo con UPyD, pero si le voto le quitaré el voto al PP y favoreceré que siga Zapatero”, dice un amigo mío; otro afirma: “si votamos a UPyD restaremos votos al PSOE y entonces tal vez gane Rajoy”. Este tipo de razonamiento es rotundamente erróneo: está estudiado que en unas circunscripciones el voto al nuevo partido será en menoscabo del PP, pero en otras sus votantes provendrán mayoritariamente del PSOE. La prueba de la utilidad de este voto es que a todos les parece imprescindible minimizar el posible impacto de UPyD sobre sus respectivos caladeros electorales: Pepe Blanco afirma en cuanta ocasión tiene que la tercera vía daña al PP, mientras que Ángel Acebes sostiene que perjudicará al PSOE porque se trata de un partido de izquierdas. ¿De qué tienen tanto miedo, entonces? Pero lo más importante es que, aunque UPyD no lograse diputados más que en algunas provincias, un descenso notable de los sufragios destinados a PP y PSOE en todas ellas haría que estos partidos se replanteasen muy seriamente sus políticas. No estamos contando aquí, por otro lado, con los ciudadanos que tradicionalmente han venido faltando a las urnas por no conformarse con el menos malo: la abstención alcanzó en los últimos comicios el 40% del censo en muchas circunscripciones, y en Barcelona el 50%.

Obtener en marzo un puñado de diputados en Cortes otorgaría a UPyD una cuota de actividad parlamentaria, una presencia en los medios y unos recursos económicos que serían vitales para una política de regeneración democrática a medio plazo. Conviene tener en cuenta lo que UPyD ya ha conseguido en las últimas semanas, sin tener representación en las instituciones: el PSOE lanza –con la boca pequeña– mensajes que retoman el laicismo, el PP sugiere tímidas reformas de nuestro sistema parlamentario –y pocos se lo creen–, cinco organizaciones civiles encabezadas por el Foro Ermua proponen una reforma muy detallada de la Constitución que recoge tesis cercanas a las manifestadas cada día por UPyD… Por primera vez parece que, siglas aparte, hay en España un movimiento cívico serio, con el respaldo de un pensamiento sólidamente fundado y encarnado por un grupo prestigioso de personas que se han acercado a la política por primera vez, preocupadas por el avanzado grado de descomposición de nuestro sistema político. Hay que pensar que la capacidad de influencia de este movimiento cívico aumentará enormemente en cuanto los partidos tradicionales constaten que el electorado deja de atender sus propios y gastados requerimientos. El voto más útil no es el que aspira a procurarle el poder inmediato al menos malo aun en perjuicio de la ética, sino el que busca habilitar representantes que, sin traicionar sus principios, promuevan las políticas necesarias para alcanzar metas positivas para la nación, aunque hayan de remitirse al medio plazo y las ejecute finalmente quien las ejecute. Visión de estado, se llama esto. Lo otro: cambalache.

Lo que nos ofrecen

jlcalbarro | 01 Diciembre, 2007 14:58

Con el anuncio del ínclito Pepe Blanco de que, si ganan las elecciones, José Bono será presidente del Congreso, se suceden en las tertulias los comentarios en torno a si con esta jugada José Luis Rodríguez Zapatero desea sugerir al electorado visos de una mayor o mejor españolidad en un segundo mandato. De que ésta es su intención no me cabe la menor duda, aunque yo le agradecería mucho más que ilegalizase al brazo político de los asesinos, ANV-PCTV, como le vienen pidiendo diversos colectivos ya hace demasiado tiempo.

Sin embargo, no puedo evitar quitarle importancia a la clave estratégica: no es más que otra anécdota del zapaterismo, otro movimiento burdo y a corto plazo con el fin de perpetuarse en el poder, grano para cebar el pavo de aquí a marzo. Sabemos que a estas alturas no nos van a sorprender con una jugada brillante, aunque machacones sí son. Después del nueve de marzo, ancha es Castilla: cuatro de años de banquete. Por otro lado, floja promesa parece: nada arriesgaría el presidente si la incumpliese (ya ha incumplido muchas) salvo, tal vez, la confianza del exministro de Defensa; aunque ésta parece ciertamente a prueba de puñaladas, como quedó probado cuando hubo de dimitir para allanarle el terreno al nuevo Estatuto de Catalunya.

Lo que de verdad me preocupa de esta noticia es el descaro con el que los dirigentes del PSOE asumen en su discurso público la absoluta sumisión del Congreso con respecto a la cúpula del partido vencedor. Se suponía que son los diputados electos los que escogen entre ellos al mejor para desempeñar las funciones de presidente de la cámara baja. No estamos hablando de fruslerías: el Congreso es la representación de la soberanía popular y sus miembros teóricamente representan a sus electores. El sistema electoral que padecemos hace que, en efecto, el poder legislativo y el poder ejecutivo dependan de un grupo selecto (por lo escaso, ya que no por su calidad) de políticos profesionales cuya garantía de promoción no estriba ni en la labor realizada ni en su fidelidad a los votantes, sino en sus manejos entre bastidores y en la estricta obediencia al líder. Seguramente es usted consciente, estimado lector, de que Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero tienen la posibilidad efectiva de designar sin obstáculo mayor desde el candidato a presidente del Congreso hasta el candidato para regidor de cultura de mi pueblo, pasando por diputados, senadores, miembros del Consejo General del Poder Judicial, magistrados del Tribunal Constitucional, fiscales, Defensor del Pueblo… Todos somos conscientes; pero Pepe Blanco pretende que no sólo lo sepamos, sino que lo asumamos como natural e inevitable.

Pero no. No es esto lo que preconizó Montesquieu, cuyo regreso algunos llevamos esperando años –desde que Alfonso Guerra decretara su ostracismo, ya que su entierro no está al alcance del primero que pase. Sin una separación de poderes efectiva no existe verdadera democracia. ¿Quién va a controlar al gobierno si la composición de su parlamento depende –grosso modo– de dos personas? El nuevo partido de Rosa Díez (Unión, Progreso y Democracia, UPYD) propone una seria reforma de la Constitución y de la ley electoral: la revisión de las circunscripciones electorales y de la aplicación de la ley d’Hondt –al mismo tiempo tan célebre y tan desconocida–, las listas abiertas, la doble vuelta para cargos unipersonales, la limitación de mandatos, el cambio de los mecanismos de nombramiento de las magistraturas… Con los partidos tradicionales ya sabemos lo que tenemos. Lo que con tamaña desfachatez nos ofrece Pepe Blanco, so capa de una política de carácter más presuntamente nacional encarnada en José Bono, no es distinto de lo que nos ofrecen el Partido Popular y los demás partidos, instalados desde hace treinta años en el sistema: la certificación última de que nuestra democracia está vacía de contenidos. En las generales de marzo nos pedirán nuestro visto bueno.

Fabada Litoral y otras manías de soltero

jlcalbarro | 17 Noviembre, 2007 16:16

Durante la comida discuto con mi mujer sobre las virtudes de la fabada Litoral, esa marca de potajes en lata que lleva décadas haciendo la felicidad de miles de españoles. No acertaron con el cocido madrileño, le digo, ni con el pote gallego. En cambio, su fabada es un producto digno de preservación, algo que a muchos de mi generación nos sigue devolviendo hoy el perfume (si cabe decirlo así) de un pasado feliz, libre. No tiene nada que ver con una fabada asturiana casera como Dios manda, no. Es otra cosa, estimable por sus virtudes intrínsecas: simple, sin sorpresas, de fácil consumo. Algo que no debería desaparecer nunca de nuestras vidas. Ante la mirada incrédula de mi mujer, me sorprendo afirmando: “la fabada Litoral es algo más que un plato precocinado; forma parte de nuestra identidad”. Mi mujer me mira de hito y suelta: “Tú lo que tienes es muchas manías de soltero”.

En la sobremesa le echo un vistazo a un par de catálogos; primero, al que el Espai d’Art Miquela Nicolau y el Ayuntamiento de Son Servera editaron este año con motivo de la última exposición de escultura de Pedro Flores, Autoretrat en pedra i ferro: una colección de piezas que combinan dichos dos materiales en la búsqueda de esencias reconocibles. En sus páginas encuentro la reproducción de una hermosa obra en la que la presencia de la piedra domina abrumadoramente sobre la del metal. Se trata de tres grandes bloques de roca de evidentes reminiscencias prehistóricas, sin apenas tallar, cosidos en fila por tensores de hierro oxidado: una especie de tren pétreo, inmóvil por su propio peso y por su antigüedad. La mineral instantánea de un viaje a ninguna parte. Una estructura que pretende articular lo que por su propia naturaleza no tiene movimiento. La geología fuera de contexto. El contrasentido hecho forma. El título de la obra no podría ser más explícito: Nacionalismo. El comentario del autor al pie de la imagen, tampoco: “la ignorancia es el alimento de los necios”. Tan rotundo como revelador.

Otro artista mallorquín que precisamente estos días vuelve a exponer en Palma, Fernando Megías, daba a conocer su obra el año pasado en el volumen Modos de ver, que hojeo ahora. Megías aplica la imaginación y la ironía a la realidad más cotidiana y, así, nos sugiere otros puntos de vista, interpretaciones nuevas y desprejuiciadas. Poeta visual lucidísimo, asume la diversidad como ingrediente especialmente importante y significativo de la realidad; con su obra pretende despabilar los sentidos, desautomatizar la percepción y llevarnos a nuevas consideraciones sobre lo que vemos. Modos de ver, editado a principios de 2006, incluye reproducciones de esculturas, fotografías y textos asociados que emplean las palabras más sencillas y, si recordamos a Brecht (“con sólo decir lo que está pasando, a cualquiera se le tendría que partir el corazón”), las suficientes. Mostrando algo más de sutileza que Flores, pero mayor tino si cabe, Megías escribe en el centro de una de las páginas de este libro: “La identidad no es más que una idea fija”.

Mi mujer no me lo habría dicho mejor.
 
Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS
Powered by LifeType - Design by BalearWeb