Hora de progreso

Comentarios políticos, por Juan Luis Calbarro

O no leen, o mienten

jlcalbarro | 15 Julio, 2008 13:44

Se han puesto nerviosos. Había diarios en Baleares que, durante todas estas semanas que lleva vigente el Manifiesto por la lengua común, le habían prestado una atención exigua o nula. Cuando digo nula, quiero decir exactamente eso: alguno de estos medios no recogía las noticias que a él se referían, ni hacía comentario alguno, ya positivo, ya negativo, al respecto. Pero la adhesión pública de varios intelectuales mallorquines al documento lanzado por Fernando Savater y Mario Vargas Llosa, entre otros, y el enorme éxito callejero de UPyD en la recogida de adhesiones parecen haber levantado ampollas.

Ya lo dicen los del Lobby per la Independència en su portal basura, con su finura argumentativa habitual: “Sólo franquistas y fachas forasters firman el manifiesto de El (In)Mundo”, tildando a Tòfol Serra de “franquista, colaboracionista, borde y renegado”. Llorenç Capellà, en Diari de Balears, nos revela aspectos del Manifiesto que desconocíamos: lo califica de “manifiesto de los intelectuales españoles afines a la derecha” (qué cosas tiene que escuchar Savater a estas alturas), “monumento al cretinismo” e “insulto”; saca a relucir no sólo a Franco, sino incluso al conde-duque de Olivares; pide una “respuesta contundente” por parte de la Generalitat y el Govern; y recomienda a Francesc Antich que llame al orden a firmantes como Rafa Nadal o Gregorio Manzano. Para Capellà, “ciertamente el manifiesto es una agresión”.

Última Hora pasa de la política mantenida hasta ahora (ignorar el Manifiesto) a dedicarle sólo hoy varios espacios, todos ellos muy beligerantes. Miquel Payeras habla del manifiesto de “Sólo en castellano” o “Castellano para todos”, cuyas “tonterías”, dice, “no son respetables” porque “se basan en mentiras”. Carles Ricci titula su columna “El castellano no es nuestro idioma” e identifica el Manifiesto con los coletazos del franquismo (me pregunto qué sería de estos argumentadores si, para fortuna de todos, el franquismo no hubiera tenido lugar), niega el “interés cultural y científico” del castellano y califica a éste de “cultura foránea”. En la sección “Tres en raya”, bajo el epígrafe “¿Por qué algunos quieren hacer con la “lengua de todos” lo que han hecho con la bandera de España?” (versión mejorada de una brillantez de Zapatero), Miquel Àngel Vidal afirma que hablar de lengua común respecto del castellano es “una utilización partidista y errónea” y vuelve a recurrir al franquismo y la inmigración peninsular de los cincuenta para explicar que el castellano esté presente en Baleares (desde el siglo XVIII según la propaganda del Govern en pro del uso del catalán) y afirmar que lo que quieren los promotores del Manifiesto es “eliminar la realidad plurilingüe de España”; y Joan Guasp habla de “odio a lo desconocido, a lo diferente, a lo ajeno”. Por último, la sección de Cultura entrevista a Cristóbal Serra para que explique su adhesión, y hay que decir que, ejemplarmente, la redactora da al Manifiesto su título correcto y coloca todas las declaraciones del sabio mallorquín en sus justos términos.

Uno de los comentaristas más divertidos es Antonio Tarabini, quien, desde la comodidad de su plaza de hombre del régimen y de su columna en Diario de Mallorca, además de jactarse de su cualificación en latín y otros idiomas, para inmediatamente depositar en la página un “neardhental” (sic), un “va de retro” (sic) y un “lletra ferit” (sic), escribe una argumentación absolutamente irrelevante para proponer a continuación el lanzamiento de un “Manifiesto por la lengua catalana” que “no atacaría al español, tal como hacen los autores del otro Manifiesto con los otros idiomas instalados en España”.

Lo que molesta no es la crítica –más bien al contrario: a todos nos hace mucha falta más crítica–. Lo que molesta de verdad es la falta de rigor, ya que ninguno de los argumentos que aportan estos pseudocríticos se ciñe a la realidad del Manifiesto, sino al deseo de desacreditarlo sin atender a su tenor. Uno, que respeta todas las formas de pensar, incluidas aquellas que le parecen menos puestas en razón, siempre que los argumentos aportados mantengan un vínculo mínimo con la realidad de las cosas, no puede sino llegar a la conclusión de que o todas estas firmas critican el Manifiesto sin haberlo leído, o la ideología los ciega, o mienten por los motivos que todos podemos suponer.

Porque ocultar la intención de los promotores del polémico texto cambiándole el titulo (manifiesto “de El Mundo”, manifiesto del “sólo en castellano”, manifiesto del “castellano para todos”, manifiesto “contra el catalán”) es ya, en sí, una tergiversación grave. El Manifiesto establece textualmente como premisa que “todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido” y que “en las autonomías bilingües cualquier ciudadano español tiene derecho a ser atendido institucionalmente en las dos lenguas oficiales”, y se recomienda la rotulación oficial bilingüe; todo lo cual no parece muy acorde con la citada expresión “sólo en castellano”. Eso sí, el texto propone soluciones no impositivas para la convivencia de todas las lenguas y hace hincapié en los derechos individuales: todo ciudadano tiene derecho a utilizar la lengua de su elección en la escuela, ante la administración o en su negocio. También, por supuesto, los catalanohablantes; parece mentira tener que aclararlo, pero los que lo niegan obligan constantemente a ello. Quien firma este documento firma también estar en contra de que a nadie le pueda ser denegada la atención en una oficina en catalán, vasco o gallego, le pueda ser hurtada la educación en catalán, vasco o gallego si la elige o se le impida rotular su negocio en catalán, vasco o gallego si así le place: algo que parece de sentido común. Tan de sentido común como cuando sustitutimos “catalán”, “vasco” o “gallego” por “castellano”. Sólo se trata de esto. Sacar a colación a Franco (como hizo también el diario La Vanguardia en su editorial del 3 de julio) o mentir con respecto al contenido del Manifiesto por la lengua común no resiste, es verdad, análisis serio alguno; pero además denota una voluntad torticera, alejada de la más elemental deontología periodística.

Y debe constar que no atribuyo este evidente y sectario alejamiento de la ética exclusivamente a las personas: es algo que está en el ambiente, que lleva funcionando demasiados años y que el vínculo establecido de manera casi irresoluble entre empresas periodísticas, partidos políticos y poderes fácticos fomenta y llega a hacer percibir como algo natural. Pero no lo es. Y puedo asegurar que quienes se benefician del totalitarismo catalanista son los mismos de siempre: los especuladores y corruptos asociados a partidos-mafia íntimamente relacionados con medios periodísticos; los que pertenecen a determinadas castas profesionales en las que la exclusión del castellano rebaja la exigencia de eficacia, aunque también rebaje la calidad del servicio a la ciudadanía; los que optan a plazas para las que el requisito del catalán disminuye la competencia (en todos los sentidos de la palabra); los amigos y parientes; los que obtienen subvenciones y contratos públicos; los totalitarios; en definitiva, los que ya se beneficiaban con Franco. Y quienes se perjudican son, también, los mismos de siempre: los que no pueden pagarse, por ejemplo, una escuela privada que les garantice su derecho a elegir la lengua de la educación de sus hijos –un derecho que se les niega con el sólo fin de beneficiar a los hijos de los privilegiados, que sí pueden estudiar libres de la inmersión en catalán en colegios privados (como los de Bàrbara Galmès) o internacionales (como los de José Montilla) o en una facultad madrileña (como los de Jordi Pujol). Frente a la pujanza de Madrid, Cataluña es ya reconocidamente un pozo de ineficacia económica y de servicios gracias a la gestión de los que prefieren una patria pobre, injusta e ineficaz pero acaparada por quienes deben acapararla; y en Mallorca algunos aspiran a lo mismo. Los perjudicados por la merma de derechos y servicios serán los menos favorecidos. En el Manifiesto por la lengua común se defienden los derechos frente a los privilegios. ¿Quiénes son, aquí, por tanto, los fachas? ¿De dónde viene la agresión? ¿Quién miente?

Comentarios

Catálogo de estupideces

Horrach | 16/07/2008, 14:44

Bufff, Juan Luis, tiene mérito la recopilación de estupideces que nos has regalado. Buena representación de lo que son nuestros intelectualillos subvencionados por el poder autonómico, y lo que dicen está a la altura de su mediocridad. La verdad, me resulta algo complicado decidir cuál es la estupidez más gorda de todas; al menos en eso hay igualdad en Baleares, en la mediocridad de sus intelectualillos 'untados'.

saludos

Aquí millor, no?

Preocupat | 05/08/2008, 22:20

Jo si m’he llegit el Manifiesto i la meva percepció és, que a més d’un poc de literatura consoladora, erotisme ligth, res de pornografia, que no fa enrevenar vull dir, mereix alguns comentaris.

Anem per parts, el Manifiesto considera que hi ha una llengua superior y unes altres que no tenen dret al mateix rang normatiu (premissa 1), sistema asimètric en diu. Segons els redactors les llengües no castellanes no poden assolir el mateix nivell normatiu en els seus respectius territoris que la castellana perquè això esta vedat per la Constitució. Però la Constitució diu a l’art. 3.2 “Les altres llengües espanyoles seran també oficials en les respectives Comunitats Autònomes d'acord amb els seus Estatuts.” Poden o no poden aquests estatuts fixar el mateix estatus jurídic per la llengua pròpia que pel castellà? La Constitució no estableix més cautela que l’àmbit territorial, es a dir, un estatut no podria fixar la oficialitat fora de la seva demarcació (Espanya tampoc ho podria fer), ni tampoc establir un règim d’oficialitat superior al que tengui el castellà, però res més.

Considera també el Manifiesto que els titulars de drets lingüístics són els ciutadans i el territori és irrellevant (premissa 2). Això ens porta a un altre problema: 1) Espanya és un estat integrat per nacionalitats y regions, semblaria, per tant, què el territori hi juga un paper i les seves disposicions efectives, no de foment, sobre les llengües només tenen validesa en el seu territori. 2) la oficialitat del les llengües no espanyoles es troba limitada per la Constitució a allò que disposin els estatuts per les seves Comunitats Autònomes, el referit article 3.2. Però que és una Comunitat Autònoma?, la Constitució ens torna a donar una mà: art. 143.1 ... “les províncies limítrofs que tinguin característiques històriques, culturals i econòmiques comunes, els territoris insulars i les províncies d'entitat regional històrica podran accedir a l'autogovern i constituir-se en Comunitats Autònomes....” O sigui que les Comunitats Autònomes també són territoris (estalviaré la definició de província). Per tant el Manifiesto nega un pilar constitucional que ofereix poques dubtes. Però acceptem, per un moment la premissa, si el territori és prescindible, he de poder exercir els meus drets lingüístics fora de la/les comunitats autònomes on la meva llengua sigui oficial, perquè en aquest cas les disposicions dels Estatuts d’Autonomia, avalades per la constitució, no tendrien eficàcia territorial sinó que m’atorgarien drets universals (a Espanya s’entén) que podria exercir a qualsevol part del territori on la Constitució Espanyola operi. No se perquè no és això el que volien dir els redactors del Manifiesto.

A les premisses 2 i 3 es defineix com il·legítima qualsevol norma dispositiva amb caràcter vinculant en relació a l’oficialitat de l’idioma no castellà (“atropello” ho anomena en una florida expressió): escolarització, senyalització, tramitació administrativa... i sentencia que els castellano-parlants tenen únicament un deure, encomiable, de cortesia que només pot ser objecte d’estímul (haurem de reconèixer que hem avançat en relació a aquells que consideren de mala educació parlar patois, això si, només en la seva presència) i rebla el clau afirmant que suposa una dificultat greu pels més desafavorits. Estam davant premisses que novament ens posen en dificultats constitucionals perquè no s’acaba d’entendre com encaixa això amb el famós article 3.2 que permet fixar el grau d’oficialitat de les Comunitats Autònomes; per l’espanyol la Constitució ens informa que consisteix en el l’obligació de conèixer-lo i el dret d’usar-lo, mentre que pels idiomes “regionals” consistiria, pel Manifiesto, en un encomiable estímul de la cortesia. Idò resulta que el Tribunal Constitucional en les seves sentències, pesats que són, ha fixat una posició distinta validant la major part de disposicions autonòmiques relatives a l’ensenyament, l’administració o la senyalització que tant molesten als signants (cert és que també ha limitat algunes de les seves disposicions, però això no és el que tractam aquí).

La premissa 4 és brillant, cita l’article 3.3 de la constitució “La riquesa de les diferents modalitats lingüístiques d'Espanya és un patrimoni cultural que serà objecte d'especial respecte i protecció.” I ens aclareixen que en base a aquest article ja hem fet llarg, “felonia” en diu el barroc redactor. Anem a pams, aquest article no està especialment pensat per l’acció político-administrativa de les Comunitats Autònomes, encara que lògicament les vincula, sinó per veure si algun dia l’Estat Espanyol es digna a fer alguna acció de en positiu sobre la matèria i especialment n’eviti els atropells, i precisament aquest article, un encomiable estímul de la cortesia, és el que troben sobrer . Es veu que els redactors disposaven d’una versió amputada de la Constitució y s’oblidaren de rebatre el tant citat article 3.2: “Les altres llengües espanyoles seran també oficials en les respectives Comunitats Autònomes d'acord amb els seus Estatuts.”

Es clar que quan les premisses son coixes, les conclusions van en cadira de rodes. Les Comunitats Autònomes, que han fet una activa política de normalització lingüística, allò que han intentat és evitar tenir comunitats segregades i ghetos, posant els mitjans per garantir la igualtat d’oportunitats i l’accés de tots els ciutadans als instruments que ho fan possible, es cert que per això han practicat la discriminació positiva, principi també avalat pel constitucional per a col·lectius en posició de desaventage, però han destinat grans recursos a evitar els seus impactes negatius, i des del meu punt de vista s’hauria de reconèixer que amb encerts i errors (com m’agrada quan son magnificats i elevats a categories estratosfèriques o groenlandeses, sobre tot els encerts) han assolit alguns èxits significatius en la matèria. Almenys així ho veig cada dia a la meva feina on Llabrés, Martínez, Serra, Elorriaga o Garcia conviuen harmònicament i babèlicament, però tots podent tractar als nostres clients en condicions d’igualtat. Són maneres d’entendre la vida.

Re: O no leen, o mienten

Victor Vicente | 26/09/2008, 15:19

Gràcies "preocupat" crec que has assenyalat molt bé els paranys del "Manifiesto". Ara bé s'ha de tenir en compte que UPYD vol modificar la constitució i aleshores, si aquesta modificació l'aconsegueixen, quedarien recolzats per la nova constitució tots els punts que esmenten.

Añadir comentario
 
Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS
Powered by LifeType - Design by BalearWeb